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domingo, 24 de abril de 2022

Perhaps a noise...

 María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas


¡Los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!

Isabel Vargas Lizano

miércoles, 3 de junio de 2009

Carroña



Portando mis trajes negros, zapatos y corbata,
atravieso tu piel superflua y delgada,
destruyo tu jaula y libero los sentidos.

Mi vista destruye los hechizos que portabas tú.
Se rompe el circuito que con esfuerzo has construido,
y en un santiamén desaparece el halo
en que estabas envuelta a profundidad.

Confundidas las miradas, tan llenas de preguntas,
incompletas y angustiadas en mi mente oscura.
¿Buscando de nuevo? Jamás a encontrar.
En la maraña de pensamientos habrá que empezar.

Cuando nazca de nuevo, si es que lo habré de hacer,
naceré en animal, tan poderoso y hermoso
que un miedo negro y desconocido se apoderará de ti.
Sabrás de la angustia, el terror, la tristeza y el furor.

Soñarás con mis garras perforando tu piel,
desgarrando cada músculo de tu cuerpo,
mis mandíbulas pulverizando tus huesos,
mis ojos destruyendo los tuyos sin piedad.

Beberé tu sangre con gozo y júbilo
disfrutando gota a gota de tu muerte,
carne putrefacta bajo el sol de medianoche,
y tu húmeda morada bajo la tierra
clamará con sedienta ansia el féretro
que habrá de llevarte a mi infierno.




27 de Septiembre de 2000.
Colima, Col.

martes, 22 de julio de 2008

Apoptosis

La lisis me tomó por sorpresa, mientras jugaba ping-pong. El suceso fue fortuito, y casi eructo los 200 insectos que habitan en mí sin pagar renta.
A su vez, mi sangre rió a carcajadas, y mi corazón estalló en risotadas, lúgubres y macabras.
Mis intestinos rechinaron hasta sangrar el óxido que hace tiempo hacían de mi vida un tugurio. Mis brazos y mis piernas dejaron de obedecerme, tomaron voluntad y el origami fue fabuloso.
Pero mi hígado tristemente suspiró y su secreción fue purulenta y viscosa. Sentí pena por él, pero lo hecho, hecho está. Y casi sin notarlo lo mataba con el picahielo que me regaló el abuelo.
Quise olvidar lo que no recordaba, pero las cometas seguían volando en torno al cerebro pútrido y ponzoñoso que soporta mi ajetreado cuello.
Y las fotografías se imprimen con más color, más nítidas que vívidas, y no se van, no se espantan con el fuego que comencé al incendiar los archivos y telarañas que poblan mi planeta.


21 de Agosto de 2001.
México, D.F.