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jueves, 1 de octubre de 2026

Perfume de mujer

 

  

Un extraño sentimiento se apoderó de mí al ver la carne sobre la mesa. Alguien debió haberla sacado del congelador y olvidó meterla de nuevo. ¿Cuánto llevará ahí? ¿Horas? ¿Días? Ya algunas moscas habían depositado sus huevecillos sobre ella y las larvas comenzaban a emerger. Los pequeños gusanos amarillos se movían sin cesar, pululando sobre esa carne suave y roja.

Tal vez días, ya que ni siquiera quedaban indicios del charco de agua que debió producir al descongelarse. Sin embargo, esa carne seguía tan roja como cuando rebanaron a la vaca en cachos. La sangre coagulada parecía reciente. No olía mal.

Decidí arriesgarme. Tomé un cuchillo y corté un fragmento apenas más grande que una nuez. Lo piqué con el cuchillo y me lo llevé a la boca. Lo mastiqué con un poco de asco, pero de inmediato lo escupí. Me dieron arcadas y corrí a vomitar al fregadero. No pude, y mejor me lavé la boca con abundante agua. Sólo hasta que se fue el sabor amargo y rancio de mi boca pude separarme del chorro de agua. Vi la carne sobre la mesa y me di cuenta de que había sangrado un poco de donde corté el fragmento que mastiqué. Escupí por reflejo y me largué de la cocina.

Entré a los dos días a la cocina. La carne seguía ahí, solo que con más moscas y más gusanos sobre ella. Seguía con ese color rojo con el que la vi la primera vez, y aún no olía mal. Me atrajo fuertemente y corté otro cacho. Esta vez fue un poco más grande. Lo volvía masticar y de nuevo ese sabor asqueroso me invadió la boca. Otra vez arcadas, pero tampoco pude vomitar. Me largué de la cocina sin ver la carne.

Volví tres días después. Estaba decidido. Espanté las moscas y retiré unas larvas que se movían a una esquina de la carne aún roja. Corté sin pensar y me lo eché a la boca. Con las primeras masticadas, la carne soltó ese sabor amargo y rancio que me llenó la boca.

Soporté con estoicismo y tragué. El sabor no se iba de mi boca pero intenté imaginarme que esta vez no me había sabido tan feo. Corté otro cacho y lo mastiqué. Fue demasiado para mí. Lo escupí y corrí a vomitar al fregadero. No pude vomitar nada. El cacho que me tragué se quedó en mi estómago. Huí humillado de la cocina.

No pasó ni un día cuando regresé. Tomé la carne y el torbellino de moscas golpeó mi cara. Arrojé la carne al fregadero y lavé cientos de larvas que la devoraban lentamente. La carne quedó roja y limpia. No olía mal. Parecía recién traída del rastro. No me dejé engañar, abrí la boca al máximo y comencé a introducirla. Sólo tragaría, no pensaba masticarla.

Fue difícil llevarla más allá de mi garganta, pero lo logré. Al tragar, sentí como caía estrepitosamente en mi estómago. No pasaron ni treinta segundos cuando ya estaba inclinado sobre el fregadero vomitando una carne putrefacta y verde, llena de gusanos y maloliente.

 

Distrito Federal, 2001 


martes, 1 de marzo de 2022

Será

 

hermosa y coqueta mujer de ojos claro y sensuales con cabello lacio oscuro y cortado a capas, con un toque de desenfado y unos labios invitando al beso que será para incluirse en un cuento para antes de morir

Cuando las estrellas se convierten en suspiros. Cuando el millón de soles no alcanza para iluminar este absurdo orgasmo negro, los suspiros se convierten en estrellas y cada una de ellas se refleja en tus ojos y en tus manos. Tus cabellos (¿qué será de tus cabellos ahora?) al viento, al compás del golpeteo rítmico de las olas. Estas llamas bailan alrededor de tu cara. El hipnotismo se hace evidente. Te evaporas antes de ser intangible y la brisa marina te envuelve, te lleva, te deja respirar y te metes en mí, haciéndome recordar a través de la sangre. A través de las estrellas. De tus ojos brillantes como mil soles.



12 de mayo 2005
Lázaro Cárdenas, Michoacán

domingo, 14 de marzo de 2021

borrador cuatro

Esqueleto negro sobre fondo blanco dentro de un cuento para antes de morir


Con dos millones de luciérnagas convertidas en una tormenta eléctrica y aplastando moléculas de oxígeno con las descargas eléctricas sobre las rocas, Sarmos nació.

Emergió de entre los hongos putrefactos que crecían a un costado de un árbol viejo. Emergió como los poderosos, desnudo y con esa mirada profunda de tiempos futuros.

Devorando todo a su paso vivió los siguientes 16 días. Destruyendo montañas enormes, arrancando ancestrales árboles desde su raíz y masticando ciervos con sus dientes de mármol pulido por lustros de viento y lluvia.



1 de Octubre de 2011

Mitla, Oaxaca

lunes, 11 de mayo de 2020

Crepúsculo




un ángel o un demonio en posición de perfil, esperando algo que estaba predestinado a ser durante el crepúsculo durante los cuentos para antes de morir
Edgar Clement, Operación Bolívar
Que la vida no te deja salir de tu vida
donde eres poco más que odiada,
donde no puedes salir de noche
al doloroso color de madrugada.
Sientes el calor de la mañana
picando toda el ansia en tus cabellos,
gritando voz en cuello tu alegría
con la luz de zafiros y margaritas.
Es el sol que rompe tus cadenas,
que da vida a tus basales impulsos de niña,
la sonrisa estalla y carcajadas a raudales
como obscenas palabras de miel.
El sonido recorre la floresta
donde despiertas hasta mínimo demonio,
donde el espejo gira para verte.
Pero con la tarde muriendo
dejas la tierra volver a ser polvo
bajas tus brazos con tus párpados derrotados,
regresas a tu eterna noche de féretro enterrado.




México, D.F., 2014 

miércoles, 11 de marzo de 2020

Con tus manos en mis manos


Una chica de piel blanca muy atractiva sosteniendo un báculo y vestida con gasa blanca vaporosa en un marco estilo art nouveau con tus manos en mis manos y lista para entrar en los cuentos para antes de morir
(https://www.pinterest.com.mx/pin/474777985699904498/ )


Secreciones purulentas que emanan de los poros y producen picazón y enrojecimiento de la piel. Senos partidos por la mitad dejando ver la intrincada red de pabellones al descubierto y cientos de bóvedas a la intemperie. Cristales estrellados y azules, filosos y tan profundos como las Marianas, y el domingo de ramos. nunca el azul profundo y de alto oleaje, solo las cavernas tan rocosas y malsanas, tan destructivas y llenas de historias al amanecer. Sonidos extraños.

2017
¿Chihuahua?

martes, 2 de agosto de 2016

Dos de dos

una hermosa chica casi desnuda con atavíos hindúes en un ambiente art nouveau donde dos de dos imágenes pueden ser incluidas en los cuentos antes de morir

Contigo de ciertos mares. Domingos de sol azul. Inaceptables escurrimientos de manchas en alto. Ya ni pensar en hacerlas brincar. Ni siquiera para bien.
Todo ya se ha muerto y ni los arcaicos y eternos gusanos harán que todo vuelva a ser normal.
No pienso deliberar en mi contra. No quiero saltar al vacío dejando atrás el cúmulo de visceras putrefactas que alguna vez fueron mis pensamientos.
Lo quiero todo, lo necesito. No debio dejamr basura tras de mí. La necesidad de crecer hasta reventar en mil pedazos. La visión estereoscópica en fotogramas fijos, mostrando una realidad con dos colores que hacen que brinquen a mis ojos, que llenen mis retinas, que despolaricen en cuadros múltiples mis más nefastos pensamientos.
Velocidades al cuadrado, deformando las figuras a extremos irreconocibles, alturas intangibles donde todo ya se vuelve blanco, conciencias dolorosas y retorcidas cual cuadro de Dalí.

16 de Julio de 2008
Cuernavaca, Morelos

domingo, 19 de julio de 2009

De lo que significa hacer el amor contigo.

el rostro de una chica de perfil al estilo art nouveau con adornos de flores en el pelo en blanco y negro como si fuera un cuento para antes de morir

Ahí está la mirada intensa. Tus pestañas hacia el cielo. Tus ojos brillantes y tus labios esperando el beso que llegará en un segundo. Pero tu mirada no se encuentra con la mía. Está esperando ese beso que tarda una eternidad, sólo lo que dura el acercarme lentamente hasta fusionar nuestros labios en ese beso ardiente, lleno de deseo y sentimiento. Como nuestras bocas se reconocen, buscan los labios que los llenan, nuestras lenguas que juguetean y nuestra respiración que se entrecorta.
Nuestros cuerpos comienzan a aproximarse, a tocarse, a acariciarse… Y son las manos las que mapean nuestra piel. Viajan a supravelocidades, tocando y sintiendo, acariciando lo que nos pertenece a ambos. Y comienzan a deshacerse de todo lo que no nos es necesario. Nuestras superfluas ropas caen alrededor y las evitas. No son indispensables. No cuando la calidez de nuestros cuerpos es mucho más que suficiente.
Es entonces que estamos tan cerca como dos cuerpos pueden llegar a estarlo. Tus ojos viajan en mi cara. Mis manos en tu cabello. Y en este abrazo completo de dos seres en gestación, nos volvemos uno solo al fusionar la calidez de nuestro sexo. El calor nos invade hasta el punto de desplazar toda la energía a nuestras manos, a nuestras bocas, a nuestros ojos. Y es cuando puede uno ver más allá del iris que perfora tu propio ser. Es cuando respiro de tu aliento y me alimento de tu energía. Es cuando tu cabello se enreda entre mis dedos. Es cuando tus pechos se aplastan bajo mi peso. Es cuando tus uñas rasgan mi espalda. Es cuando nuestras caderas comienzan esta marea progresiva, casi mortal.
Y los besos en el cuello, y las pequeñas mordidas, y el tomarnos de las manos, y la respiración cerca del oído, y los gemidos que llenan la habitación, y el rozar de nuestras pieles, y el vernos a los ojos, y el unirnos en un beso entre silencios de pensamientos.
Nuestros cuerpos crean electricidad con cada roce. El golpe de las olas en este acantilado. Tu respiración en mi oído. Mis manos sobre las tuyas. Sentir tu abrazo en mis sentidos. Tus mordidas en mi cuello, en mis hombros. Tu voz llenando cada rincón de mi mente en ebullición. En cada roce, en cada golpe, en cada exhalación, en cada sensación, en cada presión, en cada mordida, en cada palabra…

Y nos damos cuenta de que aún estamos ahí, de que aún nos estamos amando, y de que aún somos nosotros mismos.




10 - 17 de Enero de 2002.
México, D.F.

domingo, 7 de junio de 2009

Cinco mil días



Cinco mil días pasaron y seguía caminando. Los huaraches estaban casi hechos trizas pero no tenía intensión de detenerse. Al contrario, apenas comenzaba su viaje. Cruzó tiempos de infortunio, tiempos de grata sensación. Cruzó por mares, bosques, selvas y desiertos. Cruzó por todos los parajes habidos y por haber. El tiempo y espacio se volvió uno solo como él. Se fusionaron los conceptos y se volvió uno solo con el riesgo, con la dicha, con el miedo y con la muerte. Perdió la nostalgia y el placer. Perdió tantas cosas, como las mismas que encontró. Jamás retrocedió.
Cinco mil días más y sus pies desnudos fueron los que caminaron por él. Los callos y ampollas jamás cedieron, así como él. Ahora los tiempos fueron otros, tal vez más difíciles. Tal vez no tanto. Así se separaron: el tiempo y el espacio. Caminaba por senderos inexistentes. Hacía de su vida un momento, un tiempo perdido en su mundo. A oscuras. Sin lugar. Un “nowhere man” como a bien tuvieron los Beatles en sintetizar. No existía en ningún lugar, si no en su tiempo. Hubo tiempo para todo, no así un lugar. Y así sucedió. No más.
Cinco mil días y todo se trastornó. El mundo se puso de cabeza, se puso de lado, se puso de mil formas y colores. Caminó al revés. Caminó hacia arriba. Caminó ya sin pies, ya se le habían agotado. Se terminaron como todo en esta vida. Fue el término del tiempo. Ya no hubo más tiempo. Solo este lugar y todos los lugares del mundo. Todo fue un solo sitio: aquí. Allá. Que al fin y al cabo es el mismo cuando no hay tiempo. No tuvo tiempo que perder, ni tiempo para pensar. Solo los lugares amontonados en sus ojos. Todo en el intersticio de 180 grados que alcanzaba a palpar de frente.
Otros cinco mil días y no quiso seguir. Ya no tenía cómo seguir. Hace tiempo había perdido los pies, y la mente se negó a viajar más allá de su comprensión. No quiso y no pudo. Prefirió esperar ahí. Cualquier cosa que eso fuera. Y morir tranquilamente. Sin conocer más, sin saber más de lo que ya sabía. Creía estar satisfecho con su travesía.
Su única desgracia es que tuvo que esperar cinco mil días para que la muerte lo alcanzara a él. Ella no tenía prisa, y una vez que lo alcanzó a él, se fueron juntos a caminar por lugares sin tiempo, y en momentos sin mundos.

31 de Octubre de 2002.
Colima, Col.

domingo, 26 de abril de 2009

La corta vida



Como crisálida envuelta en grandes burbujas,
indefensa e inocente en su mundo diametral,
no comprende la gravedad del asunto
en el que se sumerge hasta el cuello.

El predador observa con gula y deseo,
saborea a la crisálida ingenua y dormida,
llega despacio, con dulce aroma que envuelve
y ella se deja atrapar por las garras de la muerte.

Cuántas desdichas traerá al pequeño universo
el ciclo de vida de estas criaturas,
que muertas ambas estarán al final del día
con el dulce sabor a victoria en los labios.

28 de Septiembre de 2000.
México, D.F.

domingo, 29 de marzo de 2009

No verbo



Un cigarro entre los dedos y una taza de café entre los labios. Solo en una mesa de un café sobre la avenida de su amor a primera vista.
Los ojos sobre cada uno de los transeúntes. Una señorita, un perro, un hombre en traje, algunos vehículos, un niño. Solamente personas normales. Nada de chica guapa, de ojos negros.
En el reloj, ya las nueve y cuarto. Del cigarro, ahora sólo cenizas, y en la servilleta algunas líneas con tinta negra. La mesa contigua, vacía. La mesa de ella. Otro cigarro entre los dedos. La taza del café, sin café ya.
Las diez y media. De pie entonces y unas monedas sobre la mesa. Enojo y decepción en su mirada, tristeza en su corazón. Pasos rápidos sobre el concreto, y de repente, el silencio.
Silencio en los oídos, silencio en sus ojos, silencio en cada centímetro de su piel. La chica del café, la dama de los ojos bellos, en compañía de un hombre de traje. Juntos por la acera. Risas y caricias.
Media vuelta. Los pasos rápidos con volumen cada vez más bajo. Decepción líquida en sus ojos.


22 de Abril de 1998.
Colima, Col.

domingo, 1 de marzo de 2009

Polos opuestos



Como el silencio entre los árboles,
como el agua manantial,
como el aire de montaña,
y como la nieve de volcán.

Como la lluvia de Noviembre,
como la golondrina viajera,
como el huracán nocturno,
como el perro vagabundo.

Como el violento invierno,
como la luna menguante,
como el día sofocante,
como beso de amor.

Como cada uno de ellos,
como todos sin excepción,
regresarás, seguro lo harás
pero como todos ellos
me habré ido también.

¿Es este el destino?
La ley de la vida.
No existe el amor,
sólo coincidencias.

Como los imanes,
unidos primero.
Luego un giro se dá,
y todo es distinto.

Pues este imán se irá,
lo diré sólo una vez,
cuando otro giro des
mi polo opuesto verás.


29 de Abril de 1998.
Colima, Col.

domingo, 11 de enero de 2009

No hay nadie más aquí

En esta ciega y estúpida osadía, que delata mi negro sentimiento, existo dejando de existir y converso sin nadie más aquí. Ruido que invade el espacio, luces blancas que ciegan la vista de los mortales, sonidos armoniosos de otras épocas y rayos que incitan mi desgracia se conjugan para mostrarme la oscuridad de la noche, lo inquietante del alma, lo inconforme del subconsciente, lo aterrante del consciente. Negrura de espesa densidad me impide fijar la visión; y sin embargo arremeto contra ella en una lucha de poderes de la que saldré mal librado si no logro mantenerme a este grado de vivienda y conciencia. Mi mente se desprende y viaja en sus mundos. Traslapada al tiempo e inconsistente en el espacio. ¿Qué pido yo ahora? No logro verme viajar a la velocidad de la luz. Soy una bestia lenta y aletargada que sobrevive en su pantano nauseabundo de ciclos envolventes. Y soy la bestia a la que siempre arrojé piedras, a la que siempre traté de hundir en su propia suciedad, a la que golpeé para que jamás saliera de su terrible agonía. ¿Cómo me fui hundiendo en este lodo tan más putrefacto y lleno de porquería, que mi cerebro gotea incesantemente? Y ya lo he dicho, no estoy dentro, pero me hundo cada vez más. Y no saldré hasta que se rompa esta oscura capa de hielo que congela todos mis sentidos; hasta que desoye a la bestia que devora mis entrañas como un gusano a la manzana; hasta que destruya esta insoslayable permeabilidad de la que es presa mi débil y corrupto cuerpo, en el que ya no es bienvenida mi presencia. Estoy sintiendo lástima por mí, cuando lástima deberían de darme todos aquellos que no saben que de ciertos temores, todos somos presa.
4 de Septiembre de 2000.
México, D.F.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Agonía



Y la estepa murió. Y yo quedé volando en un espacio intermedio, tan lejos del suelo que no supe dónde quedaron mis pies. No supe adónde viajo mi cerebro. No tengo idea de qué le pasó a mis infiernos. Mis difíciles infiernos.
Ni siquiera mis pieles sufren de la agonía. No estoy completo sin tus artificios. Y no lo estaré jamás sin tus dudas absorbidas por el incierto temor del que eres presa. ¿Cómo lograrlo? ¿Cómo hacerlo funcionar? Ya está más dañado que esta pobre confabulación de malignos espíritus, más muerto que la conífera húmeda y corrompida por las manos calludas del famélico demonio, más putrefacta que ninguna de las hermosas veredas por las cuales viajo de forma conspicua y apabullante.
Ya no hay salvación posible. Que he muerto y reposo en mi aposento oscuro y coagulado, donde las paredes me devoran y los pisos me presionan. Ciegas serpientes arden mis entrañas, pequeños buitres rascan mis recuerdos, concisos lamentos llenan mi cerebro. Me desintegro en etapas y me conformo en moléculas volátiles, contráctiles, perfectas, amorfa.



2 de Septiembre de 2000.
México, D.F.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Temores


—¿Tú cómo canalizas tus temores?
—Ah, pues fácil. Mira, tomo un poco de azúcar, de preferencia de la morena, la refinada no funciona muy bien en esto. Bueno, un poco de azúcar/
—¿Como cuanta?
—No sé, tres cucharadas… Tres o cuatro, tampoco mucha porque luego el exceso de fructosa hace que no haya una buena conexión entre los dos polos del desdoblamiento. Bueno, la pones en un frasco… no, un vaso de vidrio. De esos transparentes. La mezclas con agua hasta disolver toda la azúcar/
—¿Como cuanta agua?
—No sé, como la mitad del vaso. Bueno, ya que se disolvió toda la azúcar, la refrigeras un rato, solo para evitar un sobrefriccionamiento de los iones a actuar. Ya después de unos minutos, la sacas y dejas que se serene a lunas de Octubre/
—¿Como cuantas lunas?
—Hu, pues no sé. Unas tres… Sí, creciente, llena y menguante. Bueno, una vez serenada, rompes un cascarón en su presencia. Como va a ser difícil que tengas un cascarón así nomás, puedes usar un huevo. El chiste es romper el cascarón, el huevo en sí lo puedes tirar, o si tienes una maceta de barro negro lo puedes plantar. Dicen que los huevos en maceta de barro negro atraen a los colibríes enamorados. Pero en fin, mitos. Bueno, rompes el cascarón y lo destruyes con las manos. Eso nomás para evitar que anticuerpos no deseados hagan mitosis dentro de un plazo considerable. Entonces tomas el vaso, y te untas el líquido en todo el cuerpo. No debe quedar ningún rincón sin untar.
—Ah.

2 de Febrero de 2002.
México, D.F.

martes, 22 de julio de 2008

Apoptosis

La lisis me tomó por sorpresa, mientras jugaba ping-pong. El suceso fue fortuito, y casi eructo los 200 insectos que habitan en mí sin pagar renta.
A su vez, mi sangre rió a carcajadas, y mi corazón estalló en risotadas, lúgubres y macabras.
Mis intestinos rechinaron hasta sangrar el óxido que hace tiempo hacían de mi vida un tugurio. Mis brazos y mis piernas dejaron de obedecerme, tomaron voluntad y el origami fue fabuloso.
Pero mi hígado tristemente suspiró y su secreción fue purulenta y viscosa. Sentí pena por él, pero lo hecho, hecho está. Y casi sin notarlo lo mataba con el picahielo que me regaló el abuelo.
Quise olvidar lo que no recordaba, pero las cometas seguían volando en torno al cerebro pútrido y ponzoñoso que soporta mi ajetreado cuello.
Y las fotografías se imprimen con más color, más nítidas que vívidas, y no se van, no se espantan con el fuego que comencé al incendiar los archivos y telarañas que poblan mi planeta.


21 de Agosto de 2001.
México, D.F.