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jueves, 26 de octubre de 2023

Desde este lado de mi oscuridad

 

imagen de chica desnuda reposada en un sillón, una mujer curvilínea y atractiva que evoca la imagen de Cleopatra por el bote al fondo como barcaza egipcia, desde este lado de mi oscuridad en los cuentos para antes de morir

- Tú no eres de aquí. Vete a casa.

- Si sólo supiera dónde es eso.


Mitla, Oaxaca

24 Octubre 2023


miércoles, 13 de abril de 2022

A fuego vivo

hermosa rubia sentada en una habitación en penumbras, con una camisa oscura de estilo clásico y con olanes, portando una mirada casi maquiavélica y una sonrisa enigmática frente a una chimenea a fuego vivo y casi a punto de leer los cuentos para antes de morir

Con un fósforo encendió la vela. Ésta iluminó pobremente la habitación en que se encontraba. Muchas sombras, muchos recuerdos en aquel lugar. Vació un poco de la botella de whisky en un vaso con hielos diáfanos que había traído desde la cocina. Se arrellanó en su asiento favorito, junto a la vela encendida.

Jamás el alcohol pudo sus recuerdos borrar.
Bebió despacio de su vaso con hielos
empero, en su asiento, con la llama brillante
memorias volvían al whisky pasar.

Mariana, su dama. ¡Oh, tristes lamentos!
Recuerdos malditos, recuerdos inciertos.

Con odio a la muerte, jugó el fin de su vida.
Fatal destino, la muerte enojada
descubrió las trampas de su enemigo
y tomó, en venganza,
la vida de su amada.

Grotescas las sombras,
que la llama hacía
cubrían la botella
que vacía yacía.

Trastabillando en la alfombra,
y en turno, el ron seguía
para olvidar memorias
que jamás se irían.
Pero ya sin energía
cayó inconsciente, junto a la sombra
que de la llama reía.

Llama asesina,
llama mortal,
que ahogado en alcohol,
el cuerpo quieres matar.

Bailando en la mesa,
viajando al sillón,
quemando y luchando,
por llegar al charco de ron.

Muerte maldita,
muerte traicionera 
que, brillante, te ocultas
en la llama de la vela.

Las cuentas que el tiempo 
dejó pasar
regresan corriendo
y en sangre a cobrar.

Y ya en su muerte
con su amada a encontrar
rogándole al cielo
que, mujer siendo
con otra alma
no abandone el lugar.

31 de Marzo, 1998.
Colima, Col.

martes, 1 de marzo de 2022

Será

 

hermosa y coqueta mujer de ojos claro y sensuales con cabello lacio oscuro y cortado a capas, con un toque de desenfado y unos labios invitando al beso que será para incluirse en un cuento para antes de morir

Cuando las estrellas se convierten en suspiros. Cuando el millón de soles no alcanza para iluminar este absurdo orgasmo negro, los suspiros se convierten en estrellas y cada una de ellas se refleja en tus ojos y en tus manos. Tus cabellos (¿qué será de tus cabellos ahora?) al viento, al compás del golpeteo rítmico de las olas. Estas llamas bailan alrededor de tu cara. El hipnotismo se hace evidente. Te evaporas antes de ser intangible y la brisa marina te envuelve, te lleva, te deja respirar y te metes en mí, haciéndome recordar a través de la sangre. A través de las estrellas. De tus ojos brillantes como mil soles.



12 de mayo 2005
Lázaro Cárdenas, Michoacán

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Perhaps a noise

 

The machine, by Tom Morello

La máquina puede ser cualquier cosa, desde la policía de Los Ángeles, que pueden sacar a la gente de sus coches, golpearlos fuertemente y salirse con la suya; la maquinaria del estado capitalista que trata de hacerte un "lavado de cerebro" para que te comportes de forma estúpida y nunca te enfrentes al sistema y solamente pienses en esperar el fin de semana para tener otro six pack de cerveza.

Thomas Baptiste Morello

jueves, 29 de octubre de 2020

Reflexión en vidrio curvo

dama con guante blanco vista a través de una reflexión en lo que parece un vidrio curvo, vestido rosa y cabello recogido dentro de los cuentos para antes de morir



Iniciamos con la parte de la distancia, tenemos que considerar que las distancias son siempre relativas porque

porque una distancia se genera desde el punto de vista del observador hasta el punto en el que alcanzan tus sueños una vez observado t o d o el panorama se puede generar un pequeño mapa conceptual de lo que tú estás tratando de hacer.

Es entonces cómo te das cuenta que existe una vasta llanura, qué existe tanto espacio entre tú y aquellos ojos......que no tienes ni la más remota idea de cómo vas a salvarlo

Te preguntas será acaso que no lo podría hacer,
te preguntas también cuánto tiempo me llevará,
te preguntas cómo lo lograré
te haces muchas preguntas
y consideras que sería conveniente ir respondiéndolas
mientras vas caminando hacia ese punto lejano y distante que tú consideras tu objetivo
punto y aparte
Continúas, sigues caminando, sigues avanzando por esa vasta llanura, por ese vasto desierto y solamente ves una niebla e s p e s a
que por cierto no es más, no está más que en tus ojos y a veces pareces perdido -te sientes así- y crees que no vale la pena seguir, crees que te detienes, crees que se te obstruye el camino pero te sientas un momento luego lugar dices porque no,     porque no he de seguir,
        porque no podría avanzar más y te levantas y continúas con tu camino.

(sin fecha)

lunes, 11 de mayo de 2020

Crepúsculo




un ángel o un demonio en posición de perfil, esperando algo que estaba predestinado a ser durante el crepúsculo durante los cuentos para antes de morir
Edgar Clement, Operación Bolívar
Que la vida no te deja salir de tu vida
donde eres poco más que odiada,
donde no puedes salir de noche
al doloroso color de madrugada.
Sientes el calor de la mañana
picando toda el ansia en tus cabellos,
gritando voz en cuello tu alegría
con la luz de zafiros y margaritas.
Es el sol que rompe tus cadenas,
que da vida a tus basales impulsos de niña,
la sonrisa estalla y carcajadas a raudales
como obscenas palabras de miel.
El sonido recorre la floresta
donde despiertas hasta mínimo demonio,
donde el espejo gira para verte.
Pero con la tarde muriendo
dejas la tierra volver a ser polvo
bajas tus brazos con tus párpados derrotados,
regresas a tu eterna noche de féretro enterrado.




México, D.F., 2014 

martes, 12 de julio de 2016

Espejo a la canela

Una chica mujer hermosa, voluptuosa y con un escote muy pronunciado, en vestido negro dentro de un marco tipo art nouveau reflejandose en un espejo a la canela dentro de los cuentos para antes de morir
http://orig06.deviantart.net/8180/f/2013/018/1/2/fma_lust_and_art_nouveau_by_petey_winter-d35xulm.jpg




























Donde quiera que pises, te encontrarás sin sustento para tu pie. Estarás tan en la cuerda floja que el sitio más seguro para ti será quedarte donde estás. Serás inmóvil estatua de canela y obsidiana. Tus reflejos rondando por ahí serán la envidia de tu vida, tus vidas alternas viviendo como gorriones cortando el viento. Detrás del espejo, inmóvil, solo observando esa imagen tuya repetida mil veces, como cuando pones dos espejos encontrados.
Y tu vida vivirá. Y tu siempre en la soledad, solo viviendo para los demás.
Y esas ganas de romper el espejo, y salir gritando y caerte al vacío y dar ese paso que siempre has temido dar se quedará en eso: en ganas.
Sabiendo que te pierdes stop de carretera 4242, esos destellos de 1/8...

16 de Julio de 2008.
Cuernavaca, Morelos.

jueves, 22 de julio de 2010

Intermedio

Bueno, con la novedad que se robaron mi compu... donde venían gran cantidad (si no es que todos) de mis cuentos. Y las imágenes que ponía para ilustrarlas. Así que si esto caminaba de por sí lento, ahora será poco más que difícil que haya actualizaciones recurrentes. Pero me daré mi tiempo para escribir algo que vaya saliendo. Las imágenes puede que no sean de lo más decorativas pero también se intentará integrar al paisaje literario. El clima parece no ayudar mucho, pero las lluvias prometen llegar pronto. Esperemos que, como dijo un Culichi, sean lluvias de siete días. Lluvias de siete días. Esperemos sorpresas. Un abrazo a todos y cuando vengan al norte, los espero con mi sucia noche de vapor.
( https://www.freepik.es/vector-premium/ilustracion-mujer-art-deco_6679167.htm )

sábado, 11 de julio de 2009

Ya no más.



Es difícil estar contigo.
No puedo soportar seguir a tu lado, pero sin verte a los ojos.
Sin tocar tu piel.
Sin sonreír a tu risa.
Y no quiero buscarte, porque sé que estas a mi lado, pero tan lejana que las distancias no sirven.
Aquí esta tu cuento.
¿Qué vas a hacer con él?
No sabes.
La circunstancia estaba lista.
Nunca me dijiste.
Nunca te entendí.
¿Por qué no me lo aclaraste?
Te das cuenta, ¿verdad?
Si hubiera....
No, el pasado ya está atrás.
Es el futuro el que no existe.
Vive el presente, vive el hoy, el ahora.
La vida va. Y es cierto. La vida va.
Me reí hasta la ignominia. Pero es cierto.
Yo lo se.
Hazme caso.
No escuches nada, fuera la estática, el ruido exterior.
Escucha el interior.
Eso es lo único.


¿19 de Febrero de 2000?
México, D.F.

domingo, 3 de mayo de 2009

Amor de paso


Entraron los dos al cuarto del hotel de paso. Al encender la luz, el tamaño del cuarto decreció al instante, mostrando una cama mal tendida, un buró, una puerta entreabierta que daba al diminuto baño, y un foco de 75 colgando de un techo de concreto sin pintar.
—Por 30 pesos la hora, ¿qué esperabas? ¿Yacusi? —dijo Alejandra al ver el titubeo de él. Él volteó y la miró condescendiente, diciendo con la mirada “ya lo sé”.
—Desvístete y métete a la cama —ordenó secamente. A ella no le molestó el tono de sus palabras. Ya estaba acostumbrada a los clientes que tiene sus desplantes de prepotencia. Sólo cerró la puerta, casi azotándola, y se dirigió a la cama. Arrojaba toda su ropa al suelo en el camino a la cama, mientras él, el anónimo en turno, entraba al baño.
Al estar desnuda, se metió entre las sábanas, sintiéndolas frías por un instante. Esperó.

Después de 10 minutos de esperar entre las sábanas, salió Anónimo del baño y le pareció que tenía los ojos rojos. Cubrió la distancia entre el baño y la cama, quedándose momentáneamente de pie, junto a la cama. Ella lo miró con extrañeza desde la almohada. Él, después, quitó todas las sábanas de sobre su cuerpo, dejando sólo una: la más delgada. Con ella, cubrió el cuerpo de Alejandra, totalmente. Alejandra veía sombras a través de la sábana, pero muy difusas. Agudizó el oído.
Por ser delgada la cubierta de su cuerpo, dibujaba perfectamente sus facciones, sus curvas y depresiones femeninas. Alejandra conocía algunos de los juegos eróticos de sus clientes, pero éste era nuevo para ella. Sintió que Anónimo se acostaba junto a ella y se volvió para abrazarlo, quitarle la ropa y comenzar el sexo. Pero él, firmemente, la tomó de los hombros y la obligó a quedarse acostada boca arriba, cubierta con una delgada sábana, de la cabeza a los pies, sin pronunciar palabra. Ella, con un dejo total de extrañeza, accedió y al instante, sintió cómo las manos gruesas y pesadas de él, recorrían su cuerpo sobre la sábana. Cómo le tocaba la cara, descubriendo sus facciones. Cómo le recorría los hombros, los brazos, los senos. Cómo acariciaba el abdomen, el ombligo, el pubis. Cómo rozaba su vello púbico. Cómo viaja por sus piernas, por sus rodillas, por sus tobillos, por sus pies.
—¿No vamos a coger? —dijo Alejandra, pero al oír su propia voz rebotando en el silencio del cuarto, se arrepintió. No era la forma adecuada, para el momento, de expresarlo.
—No —dijo Anónimo simplemente con una voz neutra, sin acento, y siguió acariciando su cuerpo sobre la sábana. Unos segundo después, le pareció oír al hombre llorar en silencio. Se descubrió la cara y alcanzó a verlo limpiarse una lágrima con el dorso de la mano. Ella lo miró fijamente a los ojos, pero la mirada de él estaba sobre la rodilla redonda y lisa de ella. Por fin, tuvo el valor de mirarla a los ojos y ella le preguntó con la mirada.
—Discúlpame, soy un estúpido —murmuró como excusa y comenzó a desvestirse.
Ella lo miró detenidamente mientras terminaba, y cuando estuvo desnudo, se metió entre la sábana delgada y la cama, junto a ella. Lanzó un suspiro y comenzó a tocarla, fríamente. La penetró toscamente y comenzó a hacerle el amor. Ella, haciendo gala de su mejor actuación, le acariciaba la espalda, disfrutando el momento. Pero segundos después, él se detuvo y comenzó a llorar amargamente. A ella ya nada podía extrañarle después de todo lo que sucedió esa noche.
Él se acostó a lado de ella, viendo con lágrimas el techo sin pintar. Ella le acarició el pecho y le dio un beso en la mejilla. Anónimo desvió la mirada hacia el lado contrario. Alejandra arrojó la sábana fuera de la cama, quedando los dos desnudos, acostados e inmóviles. Se decidió y se levantó, pasando una pierna al otro costado de él. Sus facciones no reaccionaron en ninguna forma, y entonces ella comenzó a hacerle el amor, suave, sutilmente, casi con cariño.

Despertó cuando él la empujó hacia el otro lado de la cama. Se había quedado dormida sobre él. Tomó su reloj del suelo y checó la hora. Ya era de madrugada: seis y veinte. El anónimo ya había comenzado a vestirse sin pudor a lado de la cama. Ella lo miró con sus ojos enrimelados hasta que se puso la corbata.
—Te doy quinientos pesos, ¿está bien? —le dijo mientras sacaba dinero de la cartera y hacía unas breves cuentas mentalmente.
—No —respondió ella alarmada, pero él lo interpretó como objeción y sacó otro billete de doscientos, puso el dinero sobre el buró y se dispuso a salir.
—¡No! —repitió ella saliendo precipitadamente de la cama, sin preocuparse de si estaba vestida o no. Tomó los billetes y se los puso en el bolsillo del saco. Extrañado, sacó los billetes del bolsillo y la observó con los ojos llorosos. Le acarició el cuello y la atrajo hacia sí, dándole un beso suave, mientras le acariciaba la espalda y el pelo.
Al separarse, ambos tenían lágrimas en los ojos, pero ninguno quería que el otro las viese. Le dio un beso en la frente a modo de despedida, y al salir le dijo con una sonrisa
—Vístete —a modo de reproche, al verla desnuda en medio del cuarto, y cerró la puerta. Ella se observó en medio del cuarto, desnuda, con lágrimas en los ojos y pensando en el hombre que acababa de salir. Se rió muy bajo, y al agacharse por su ropa, le cayó algo del pelo. Eran los billetes. Setecientos pesos. Corrió a la puerta y al brincar hacia el pasillo se acordó que estaba desnuda. Regresó rápido al cuarto, abrió la ventana, se asomó a buscar al anónimo, y sólo alcanzó a ver cómo éste abordaba un taxi y se perdía en la selva de asfalto. Se vistió con los billetes en la mano y al salir, volvió la mirada hacia la cama destendida, sonrió y cerró la puerta tras de sí.


21 de Noviembre de 1998. Zinapécuaro, Mich.

miércoles, 23 de julio de 2008

En el camino


Patéticamente anormal es ahora, cuando tomamos por este camino en el que no existen desviaciones, ni vueltas, ni retornos. No existe la reversa y a veces dudo que existe un adelante. El asfalto se pega a las llantas como esos chicles frescos y aún húmedos que simplemente aparecen debajo de tu zapato cuando ya no hay modo de saltar, de evitar la goma de mascar; o mejor aún, se pega como la suela de los tenis a la banqueta en esos días en que el calor parece tener rienda suelta y corre como demonio por las calles, mientras que deja atrás el viento que calmaría ese bochornoso día. Pero las llantas del coche siguen trabándose, siguen derritiéndose y cada vez avanza menos, y nos aletargamos más.
Y no solo las llantas son las que se pierden en el paso del tiempo, también las señales, las líneas de la carretera y hasta la visión a través del parabrisas. Ves a los limpiadores funcionar sin nada que limpiar, y eso en un momento porque ahora ya ni siquiera están los limpiadores, ni la palanca que los acciona, ni donde debería estar sujeta la palanquita. Uno mismo ve con asombro cómo deja de avanzar lentamente, como pierde el espejo retrovisor y el marcador de gasolina. Cómo deja atrás medio motor y los faros con las altas puestas siguieron de largo y lo dejaron a uno aquí botado. La palanca de velocidades hace tiempo que dejó de existir y tu asiento prácticamente está siendo comido por termitas que, por supuesto, ya no están. ¿Qué haces contra eso?
A veces pienso que pienso demasiado, pero a veces pienso que realmente no estoy pensando tanto, y lo que pienso son puras tonterías. Pero es difícil pensar cosas coherentes cuando tu auto acaba de desaparecer bajo tus ojos… y bajo tu trasero, porque después de todo, en él ibas sentado. Además, es medianamente estúpido el estar esperando aventón de alguna persona que pase por ahí, cuando lo primero que viste que ya no viste más, fue la propia carretera. ¿Dónde demonios se pide aventón en una carretera que no existe para llegar a un lugar que no va a estar ahí cuando uno llegue?
Es por eso que para evitar pérdida de tiempo (y consecuentemente comenzar a dejar de verse uno mismo) comienzo a caminar rumbo a no sé donde y espero que sea el correcto, porque para estos momentos, creo que el sol ya no me indica para dónde es el oeste y cuál el oriente. Me indica que estoy totalmente perdido y que cualquier cosa que haga de ahora en adelante, será ganancia. ¿Ganancia para quién?
Tal vez debería decir que ganancia para qué, porque a lo lejos parece venir un coche que pueda darme un aventón a cualquier parte que no sea este remolino que me sacó de mis casillas y me devolvió a este imprudente destino que aún no encuentro cómo llegar. Aunque para estos momentos estoy pensando que podría suceder lo que en léxico vulgar se denomina reacción en cadena. Y es que pensándolo prospectivamente, podría suceder que si esa persona viene en esta dirección, entonces vaya rumbo a la dirección que yo tenía en un principio, y a la que es probable que llegue con cierto retraso. Entonces al darme aventón, podría suceder de nuevo lo que sucedió en algún momento, y quedaríamos en el punto de inicio (pero término al fin y al cabo) y no existiría desplazamiento neto desde mi punto de vista.
Ahora, que si sigue de largo y no me da aventón, es probable que también le suceda lo que sucedió, porque el punto de partida es similar y el destino ídem, aunque no tendría porqué desearle mal a alguien. Es probable que él llegue a su destino, aunque para mí el resultado de movimiento seguiría siendo cero.
Y a la postre, pues creo que no sucederá lo que quería que sucediera, y veré a lo lejos el coche que perderá velocidad, intensidad y color. Entonces se transformará en un punto en movimiento que tendrá un inequívoco color gris que poco a poco irá desapareciendo junto con el objeto que lo portaba y quedará una figura humana, que de lejos bien podría ser de una fémina por la falda que porta y el cabello que le revolotea alrededor.
Al verse desamparada y sin la presencia de su automotor que debería de conducir hasta el destino que ella eligió, y no desparecer así nomás, como por arte de magia, caminará unos minutos (que además deduzco que ella no poseía la misma potencia o intensidad que me poseyó a mí, ya que su auto la abandonó varios cientos de metros más atrás, si tomamos en cuenta la dirección origen-destino) y llegará ingenua y despreocupada a mi lado, tratando de aparentar (será muy buena actriz) que nada anormal sucede por estos días y nada podría ya sorprenderle, excepto el que alguien encienda un cigarro de “esa” marca y a pesar de eso, no le haya ofrecido primero, caray, que modales tiene la gente hoy en día. Obviamente soy un estúpido palurdo que no ha leído a Carreño y lo profesa a los cuatro vientos diciendo que tiene ella razón, que desde hace unos momentos estaba yo pidiendo aventón (perdón, ride) y ningún alma se apiadó de esta alma que tan necesitada estaba. Y claro es, que después de haber hecho enésimos ademanes para sugerir que ella también quería fumar, tuvo que rebajarse a pedirme un cigarro, por favor, aunque sea de “esa” marca. Ah, pero como no, si un cigarro no se le niega a nadie, excepto al inepto que te pide cigarros día tras día, como si a uno no le costara sobarse el lomo para sustentar su vicio, ¿verdad? Con el cigarro a escasos dos centímetros de la boca y en espera de una llama que se acerque a inicializar el consumo consecutivo de su tabaco en tubo, omite la respuesta y comienza a asombrarse de cómo es posible que exista alguien en el mundo que sea tan vulgo, tan ordinario y tan falto de tacto y educación. Por supuesto a estas alturas, ya me he dado cuenta de cómo es el juego, y le tiendo el encendedor mientras advierto falsamente que a veces no prende, pero si le sigues, ya jala. El encendedor, obedeciendo a mis mentiras, no quiere prender y ella hace un gesto atenuado por el cigarro y persiste en su intento hasta lograrlo, tenderme el encendedor y no dirigirme la palabra mientras ve hacia el lugar de donde creé que llegó, pero por una extraña razón, yo sé que no es ese el lugar por donde llegó.
Es bella. Zapatos altos, pelo suelto y casi rizado, negro, ojos (imagino, porque los lentes no me dejan verlos bien) grandes y brillantes, boca carmín y una piel que se antoja besar a cada instante. Podría jurar que su desamparo lo oculta tras esa conducta de prepotencia y soberbia, pero aquí entre nosotros, espera que proponga una solución. Y como el buen caballero que soy solo le pregunto que a dónde iba. Alza casi imperceptiblemente un hombro y fuma con delicadeza. Y de dónde venía, si no es indiscreción. El mismo hombro y otra fumada. Bueno, y ahora que hacemos, ya que los dos estamos varados aquí, en medio de algún lugar que no sabemos ni siquiera cuál es. Gira exorcistamente la cabeza, clava su mirada en mis ojos cínicos y divertidos, y vuelve a su posición habitual. Ah claro, su respectiva fumada. Solo alcanzo a pensar que si seguimos así, pronto se acabarán los cigarros.
Con el viento caliente y apenas perceptible, su falda ondea como en película y sus piernas (en efecto) de película se dejan ver más arriba. Supongo que no querrá tener un poco de sexo casual conmigo en la arena, y sólo lo pienso, no vaya a ser que las altas esferas de la sociedad y abolengo hayan desarrollado prodigiosamente el oído así como lo hicieron con sus glándulas venenosas.
Bueno, exactamente no sé de dónde vengo ni a dónde voy, pero iba hacia allá, y hacia allá voy a ir, aunque llegue un poco tarde, el tiempo nunca ha sido alguna de mis prioridades, ¿gusta? Y sin esperar respuesta me echo a caminar lentamente, para darle tiempo de réplica o seguir mis pasos entre esa arena tan parecida al talco en consistencia. Lamentablemente, no se le ocurre ningún sarcasmo a tiempo para que lo pueda oír, y sus pasos me siguen solo hasta que estoy lo suficientemente lejos como para sentirse realmente desamparada y casi gritar que ella también iba para allá, y no le importaría que la acompañe. Sonrío.

México, D. F.
21 de Junio de 2004.